3 sept 2012

Nominación



A causa de una repentina nominación de Laura he decidido hacer una pausa en mi relato para responder a unas preguntas que me han dado más de un quebradero de cabeza...
-¿Prefieres dar o recibir?
Es una pregunta demasiado subjetiva que puede tener tantos significados como respuestas…
-¿Dulce o salado? En cada caso, lo que más te gusta:
DULCE!! *o*
-¿Irías en ropa interior por la calle, o en su defecto, desnud@?:
Si fuera verano en Sevilla…iría en ropa interior, siento demasiada vergüenza como para enseñar más de mi cuerpo!
-¿Eres de l@s que se meten en la piscina y se ponen a nadar, o prefieres dejarte llevar?:
Dejarme llevar para eso está la corriente…o meterme bajo el agua mirar hacia arriba.
-¿Contestas las encuestas que te hacen por teléfono, o cuelgas cruelmente?:
Según como me pillen aunque si es de impresoras siempre respondo, y lo más divertido es inventarse las respuestas.
-¿Qué harías con los presidentes en general?:
Quemarlos a todos y que sea Dios quien decida.

Como me siento yo también con ganas de hacer preguntas y de nominar a gente...
Ahí van mis preguntas aunque obviamente no serán tan buenas como estás:
-Si hubiera un apocalipsis zombi y tuvieras que buscar un sitio para pasar la noche ¿cuál elegirías?

-¿Dulces de por vida o videojuegos intensos pero cortos?

-En caso de terremoto emocional ¿a quién acudirías para resguardarte de tus propias emociones?

-Prefieres… ¿escribir o leer?

-Si tuvieras que elegir entre cortarte la mano o el pie ¿cuál sería tu decisión?

-¿Cuál ha sido la situación más estresante de tu vida?

LOS NOMINADOS SON...
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20 jul 2012

3



Su tez pálida parecía gris con el reflejo de la luna y sus ojos azules parecían seguir enloquecidos. Se movía por las calles como un fantasma sin casa, un alma sin cielo, un muerto sin tumba.
Todo su cuerpo se contorneaba, danzando patéticamente, con pura incoherencia.
Los pocos que se atrevían a salir a esas horas a la calle lo miraban con una mezcla de asombro y repugnancia. Pero él los ignoraba. ÉL solamente pensaba en una cosa. Algo que le atormentaba locamente y no le dejaba vivir…yo.

La sangre salpicó su rostro, como cada noche desde hacía ya más de tres semanas. Una joven, bella, con media docena de pretendientes y otra media de amantes se debatía delante suya entre la vida y la muerte.
-¿Por qué?-Lloriqueaba.-¿Qué he hecho yo?-Decía la víctima y con cada palabra se le iba la vida.
El enloquecido la contemplaba con demencia mientras con las uñas le abría lentamente rajas por todo el puro cuerpo de la muchacha.
Volvía a ser noche de Luna llena.

A pesar de todo al día siguiente siguió saliendo el sol por la mañana. El cartero siguió repartiendo el correo, el panadero seguía haciendo el pan, el reloj continuaba indicando que el tiempo pasaba y, como cada mañana, las campanas de la Catedral de San Jorge siguieron sonando con esa melodía cotidiana y vulgar que se colaba en la cabeza.
Aquella mañana recibí carta.
-Ten, Bella, es para ti.-Dijo mi padre mientras leía el periódico, entregándome un pequeño sobre.
-¿Quién te escribe?-Preguntó con curiosidad Elisa mientras le daba un buen mordisco a su tostada con mermelada.
-No lo sé.-Dije inspeccionando el sobre blanco y puro, en el que solamente estaba escrito con una perfecta caligrafía mi dirección.
-¿No pone el remite?-Intervino mi padre con una curiosidad recién descubierta.
-No, no pone nada, solamente nuestra dirección… Ahora vuelvo.
Me levanté de la mesa dejando a un desconcertado padre y a una curiosa hermana en la cocina. Subí escaleras arriba hasta llegar a mi cuarto, al fondo del pasillo.
-Seguramente será de ese chico y no nos lo querrá decir.-Escuché decir en la lejanía a mi padre.
Tras cerrar la puerta abrí el sobre con nerviosismo, rompiéndolo en mil pedazos hasta encontrar lo que había dentro.
-No puede ser…-Susurré para mí.
Tres folios con una perfectísima caligrafía y un lenguaje cuidado se extendían, llenos de enigma, ante mí.
De nuevo, tras años y semanas sin saber de él, él , por encima del tiempo, de las normas y leyes absurdas se hacía oír, sentir, oler…vivir.
Probé cada palabra, degustándola, procurando que su exquisito sabor no me hiciera llorar. Cada hoja era agua en el desierto.

22 jun 2012

2


La noche fue cayendo como un flan derretido, espesa y lentamente. No quería irme a la cama, no quería entrar en el inconsciente mundo de los sueños…No…
Elisa y Ezequiel se despedían calurosamente en el porche que daba al patio de atrás con vistas al bosque y a espaldas de nuestro barrio. Yo les observaba con la misma curiosidad con la que se mira a un gato lamerse. Me preguntaba en qué momento de la tarde habían dejado de ser aquellas dos personas vergonzosas y tímidas que yo creía conocer.
Me alejé de la romántica escena y me adentré escaleras arriba. Altea, nuestra madre había muerto hacía ya tres años y nuestro padre, Isaac, cuidaba de nosotras como un obseso, creyendo que si no nos pasaba nada, nos mantendríamos siempre como aquellas niñas pequeñas que hace años dejamos de ser.
-¿Y tu hermana?-La voz ronca y gastada salía forzosamente desde la puerta del dormitorio de mi padre. Me asomé.
Era un hombre grande, con una mirada tierna color caramelo y la piel tostada que reflejaba las horas de trabajo bajo el sol. Llevaba siempre una barba dejada de varios días, ya cana, porque nuestra madre siempre le había dicho que le encantaban los hombres con barba. Creo que desde entonces no se volvió a afeitar del todo.
-Está abajo…-Dije con voz seca.
-No me gusta que andéis por la noche afuera, ya sabes lo  que le ha pasado a esa pobre muchacha…-Se levantó del borde de la cama donde estaba sentado no sin antes guardar la foto de mi madre cuando era joven.-Este pueblo parece cada vez más peligroso. Hija, cuando oscurezca quiero que tú y tu hermana estéis aquí…Porque ambos sabemos lo que ha pasado y todos saben que él sigue suelto.
-¿Él? ¿Cómo estás tan seguro de que es un hombre?
-¿Cómo una mujer iba a poder hacer eso?
No dije nada. Acababa de descubrir que la mente de mi padre seguía anclada en el pasado, un pasado oscuro y al mismo tiempo lleno de luz.
Volví a bajar para avisar a mi hermana de que nuestro padre estaba en casa cuando sentí la puerta de porche abrirse.
-¿Has visto eso? Ha sido…increíble.-La mirada de Elisa brillaba de esa forma especial en la que brillan los ojos cuando te enamoras por primera vez.
-Pero… ¿cómo ha sucedido? No me he dado ni cuenta…
-Fue cuando tu estabas comprando la merienda y los dos estábamos en ese banco del parque…¿recuerdas?-Asentí-Pues me tomó las manos, me temblaba todo el cuerpo y me susurró que me quería…Luego, cuando llegaste, hicimos como si nada y ahora al despedirnos él no se pudo contener y…
-¿Y qué?-Contestó Isaac bajando el último escalón y observando con dureza la confidencia.
-Y nada, papá.-Dijo Elisa tragando saliva.
Aunque ella creía que mentía genial se le notaba en la mirada, en los labios y en cada célula de s cuerpo cuando lo hacía.
-¿Quién es ese muchacho?-Inquirió mientras se llenaba un vaso de agua.
-Un amigo solamente, Bella también le conoce.
La mirada inquisitoria cayó en mí. Yo tenía dos años más que mi hermana y mis locuras hormonales habían pasado a un segundo plano.
-¿Ah si?
-Sí, es compañero en mi escuela. A penas lo he visto un par de veces pero parece buena persona.
-¿Te gusta?
Nunca me imaginé a mi padre hablando de amor. Un tipo fuerte, grande, varonil y chapado a la antigua. E amor para él era algo que se dejaba para las mujeres o los mariquitas, no para los hombres.
Pero conforme iba recapacitando e intentando asimilar la situación, comprendí que lo que pretendía mi padre era ocupar el hueco vacío que había dejado nuestra madre.
-No sé qué contestar, ha sido inesperado pero…-Miré la cara suplicante de mi hermana y recapacité. A mi hermana, su pequeña flor pura y casta, criada entre algodones y seda no se le consentiría salir con un ‘’medio hombre’’, como mi padre llamaba a los jóvenes, ni en sueños pero a mí, alocada por naturaleza se me permitiría hasta quedarme en su casa a dormir.- Sí, sí que me gusta, papá. Aunque ya no estamos en la edad media y no tiene que pedirte permiso para salir conmigo.
Puntualicé.
Mi padre se quedó frío, sin saber muy bien cómo reaccionar, pensando quizás qué habría hecho mamá en aquellos instantes.
Sin mediar palabra dejó su vaso vacío en el fregadero, miró a mi hermana u luego me dio un beso en la frente. Se fue escaleras arriba hasta su cuarto y allí se encerró. Tal vez habría vuelto a mirar la foto de mamá y a lo mejor le estaría preguntando cómo debía de comportarse, qué debía de hacer frente al amor. Un amor tan falso, tan egoísta, tan equivocado…
La noche se dice que es para un determinado grupo de personas. Están los que no tienen nada que perder, los borrachos, las prostitutas y por último, los poetas. Todos ellos forman y deforman la noche a su antojo porque a todos ellos le pertenece. A todos ellos y a él…

10 may 2012

The beginning


Aún podía lamer las gotas de sangre que quedaban en su rostro, podía sentir aún el calor propio de aquellas cosas de acaban de morir. Disfrutaba, con locura en la mirada, mientras contemplaba lo que él denominaba ''obra maestra''.
Eran las doce en punto y el reloj de la catedral de San Jorge comenzó a sonar. Con cada campanada él reía, burlándose de lo cotidiano y de lo ordinario. Era un hombre excepcional, medía 1'82, pesaba 83 kilogramos, de raza blanca descendiente de colonos y a pesar de ello pelo oscuro como el carbón. Y luego, por último, estaban sus ojos, ojos dementes, inseguros y sin embargo, cautivadores...

-Vamos, date prisa o llegaremos tarde.
-¿Por qué tenemos que ir? A penas la conocíamos...
-Es por pura educación y...
-Y porque va a ir Ezequiel, vale, ya me doy cuenta pero me tienes que prometer algo.
Elisa suspiró cansada del juego que estaba llevando a cabo.
-¿El qué?
-No intentarás detenerme cuando quiera adentrarme en el bosque.
-Pero, hermana es que...
Hice un gesto que cortó su palabrería.
-Y mucho menos cuando vaya sola.
-Es peligroso, solamente lo hago por tu bien...
-Elisa, yo sabré lo que es bueno para mí.
Con esa fría frase unida a una mirada fulminante nos fuimos a la catedral de San Jorge donde un carruaje fúnebre esperaba a la entrada rodeado de aquellos ateos y curiosos que querían saber pero no demasiado.
Elisa y yo nos adentramos en las penumbras, metiéndonos de lleno en el mar de silencio. La ceremonia parecía estar en su apogeo. El cura bendecía la hostia y todos aquellos afortunados de tener asiento se encontraban de rodillas.
-Lo que hace un asesinato...-Solté como un pensamiento en voz alta. Los pocos que consiguieron oírme me miraron con desprecio.
Elisa me guío a través de la catedral, alejada del verdadero motivo por el que todas aquellas personas estaban allí. Cuando alcanzó a su objetivo se deshizo de mi mano y sus mejillas tornaron a un color rosáceo.
-Hola, Ezequiel.-Susurró con vergüenza.
Ezequiel se dio la vuelta. Sus ojos eran canela pero cambiaban constantemente según la luz, el día y la hora. El pelo era rubio, per no llegaba a ser intenso, más bien oscuro. Y luego también tenía ese bronceado de piel tostada perenne ya fuera invierno o verano.
Sonrió mostrando una hilera de dientes perfectos conseguidos gracias a una ortodoncia novedosa durante dos años.
-Hola, Elisa....No sabía que conocieras a Negara.-Susurró. La mujer de al lado lo miró de reojo.
-Íbamos juntas al colegio.-Mintió sin más mi hermana.
Yo me quedé en segundo plano, formando parte de la decoración de aquella inmensa catedral.
-Que el cuerpo de nuestra querida Negara Ortiz Nogales arrebatada a una tierna edad descanse junto a Dios por siempre. Podéis ir en paz.
-Demos gracias al Señor.
El órgano comenzó a sonar al compás de los llantos de una familia rota mientras el ataúd de madera de noble pulida se deslizaba lentamente en su último viaje por aquel pasillo.
Era como un viaje, un viaje del que nunca se volvía.

Cuando salimos Ezequiel se percató de mi presencia y con una tímida pero pura sonrisa me saludó.
-No sabía que tú también estuvieras y que conocieras a Negara.
-No la conocía. ¿Y tú? ¿De qué la conocías?
-Era vecina mía, nuestras casas son contiguas y cuando éramos niños jugábamos juntos. Tenía dos años menos que yo. Nos empezamos a separar cuando comenzó el instituto. Una pena su muerte.
-Vaya...no me cuentas nunca nada de eso Ezequiel.-Se hizo la molesta Elisa, la cual ni si quiera se había dignado en preguntar.
-Bueno...a penas nos vemos ya y...no sé, no surgió la ocasión.
Elisa sonrió alegremente, llena de inocencia y rodeada del manto de lágrimas y muerte que siempre acompaña a un entierro.
-¿Qué os parece si damos una vuelta?-Sugerí mientras me imaginaba mi propio entierro.
Ambos asintieron.